Ducha diaria

Como tu ducha diaria puede convertirse en un ritual de bienestar

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Aparte de resultar el medio más eficaz y agradable para procurarnos un aseo periódico, las duchas reportan varios beneficios para nuestra salud y bienestar general. Entre los beneficios más resaltantes de esta modalidad higiénica, se encuentran la estimulación de la circulación sanguínea en los miembros inferiores, el fortalecimiento del sistema inmunológico, la aceleración del metabolismo, e incluso, hay quienes apuntan a su utilidad como medio para mejorar la espermatogénesis (proceso de formación de espermatozoides en los testículos). De igual modo, sabemos que a través de la ducha en la que interviene agua y jabón, podemos eliminar de mejor manera toxinas y microorganismos que pueden encontrarse en la piel y podrían afectarla.

No obstante, una dimensión menos explorada de los efectos de las duchas diarias, es aquella que recae sobre el estado de ánimo y el funcionamiento de los procesos cognitivos. Tomar un baño prolongado con agua tibia, luego de un día intenso de trabajo o de actividades demandantes, puede ayudar a disminuir los niveles de estrés. Por otra parte, se ha determinado que, a través de este tipo de práctica, se puede combatir la depresión, pues se ha constatado que el cerebro puede inducir una mayor producción de noradrenalina y dopamina, otorgándonos más vitalidad y placer, respectivamente. También existen estudios que aseguran que, a través de las duchas, podemos encontrarnos más alertas, facilitando organizar nuestras ideas y obtener mejores resultados en las tareas de índole intelectual.

Circunstancias más favorables

Para aprovechar al máximo los efectos terapéuticos y saludables de este tipo de medida de aseo personal, deberemos garantizar algunas condiciones elementales y básicas, que no resultan muy costosas o difíciles de alcanzar. Algunas de ellas se centran en las actividades propias del baño, como temperatura del agua, condiciones del área y duración de cada sesión; mientras que otras giran en torno a elementos complementarios, como acidez o alcalinidad del jabón, utilización de fragancias y cremas, entre otros.

Ritual de bienestar

Teniendo siempre presente la importancia de que te sientas bien, tanto en alma y cuerpo, a continuación, te planteamos las mejores formas para convertir una ducha en un ritual, que tenga por objeto aumentar tu bienestar y ayudarte a afrontar de mejor manera los retos del día a día.

Temperatura del agua

Este es probablemente el tema más debatido, en lo que concierne a las duchas. Mientras que existen férreos críticos de los potenciales perjuicios de bañarnos con agua caliente, argumentando que puede generar la proliferación de várices, el envejecimiento acelerado y la irritación de la piel, afectación de la salud capilar y ralentización del sistema digestivo; hay otros que condenan los “efectos negativos” del agua fría, asegurando que puede potenciar la producción de cortisol (hormona del estrés) y puede promover el insomnio, cuando nos bañamos con ella durante las noches. Sin embargo, la mayoría de los especialistas recomiendan utilizar agua tibia (30°C aprox.), pues con ella aprovechamos los beneficios de ambos mundos, sin padecer sus efectos no deseados.

Extensión del baño

Por lo general, es recomendable que la ducha no se prolongue por un tiempo superior a los 15 minutos, pues la piel se puede resecar en exceso. No obstante, en este aspecto no debemos ser demasiado estrictos, pues, en ocasiones, podemos necesitar extendernos un poco más, para relajarnos y sentir placer. Sin embargo, a la hora de disfrutar de la paz que nos otorga esta actividad, no debemos olvidarnos de ahorrar el vital recurso, para bien del planeta y sus habitantes; por lo cual, podemos abrir la llave y cerrarla a intervalos, según se necesite.

Aromas agradables

Para disfrutar de una ducha completamente placentera, es necesario que nos podamos olvidar de aquellos olores desagradables que a veces pueden impregnar los baños. Por ello, debemos mantenerlos limpios y utilizar desinfectantes de esencias suaves y gratas. El propio jabón que utilicemos, así como el champú y cremas, también tienen mucho que aportar en este sentido, por lo cual deberemos evitar sustancias que produzcan olores muy fuertes e irritables. Si puedes conseguir esencias para aromaterapias, resulta mucho mejor.

pH del jabón

Por lo general los jabones suelen tener un pH ligeramente alcalino, al cual se le atribuye la responsabilidad de afectar en gran medida la función de barrera que ejerce el manto ácido que recubre nuestra piel. Si bien, esto no resulta algo demasiado problemático para la mayor parte de las personas, pues la piel se encuentra renovando con bastante regularidad nuestro sistema de defensa cutáneo, muchas personas con afecciones crónicas de la piel, pueden tener problemas al regenerar dicha capa, por lo cual, pueden verse beneficiadas con la utilización de jabones de pH neutro (con valores entre el 7 y el 5,5). Por otra parte, si eres una chica y utilizas jabones íntimos, debes emplear aquellos que mantengan intacta la acidez de la zona, pues ella garantiza que no ingresen bacterias y microorganismos nocivos para tu salud.

Deja el mundo de afuera, afuera

Aprovecha la oportunidad que se presenta ante ti, en cada ducha, para olvidarte por un momento del mundo que te rodea, con sus preocupaciones e incertidumbres. Concentra tu atención en como el agua recorre tu cuerpo, la sensación que esta genera sobre tu piel, la calma que te trae y el bienestar que eso genera en ti. Esto hace que devuelvas tu mente al momento presente, evitando de este modo, que se aferre a eventos pasados, o al papel en blanco que es nuestro futuro. Regálate ese momento, y ya verás que el mundo estará allí, cuando salgas del baño.

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